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CORRECCIÓN DE TEXTOS, MITOS Y VERDADES

El libro de Sofía Rodríguez, Manual de corrección de textos. Técnicas, consejos y apuntes de clase, aporta a los correctores a lograr más seguridad y mejores resultados en su trabajo.
Jesús Raymundo
@jesus_raymundo

De los correctores nos acordamos cuando, en una publicación, se evidencia un gazapo, una errata, una falta lingüística, un texto ambiguo, un dato inexacto o cuando el estilo no es uniforme. En otras circunstancias, minimizamos su aporte. Tal vez por eso su presencia es cada vez menor en las salas de redacción, a veces debe cumplir múltiples tareas en las editoriales y es un ser ausente en las plataformas digitales y audiovisuales.

De ello da fe Sofía Rodríguez (Huaraz, 1964), autora de Manual de corrección de textos. Técnicas, consejos y apuntes de clase (Fondo Editorial Escuela de Edición de Lima, 2017) y excorrectora del diario El Comercio y la Editorial Letras e Imágenes. “Lo ingrato de este trabajo es que no nos felicitan todo el tiempo ni reconocen lo bien que hacemos la labor, pero si nos equivocamos, ahí sí nos condenan” (p. 87).

¿Qué es un corrector?

Aunque sabemos que el corrector cuida la calidad lingüística de los textos, muchos desconocen o desdibujan sus funciones, incluso los que se dedican a este oficio, sobre todo los jóvenes. Respaldada en opiniones de otros autores, Rodríguez sustenta que el corrector no es autor ni coautor de una obra, es decir, no descuartiza el texto ni lo reescribe. Tampoco sobrecorrige ni ultracorrige, práctica que exigen algunos clientes.

Cuestiona los plazos que las editoriales y las instituciones establecen para cumplir con el trabajo. Considera óptimo corregir 4 horas diarias (5 páginas por hora), pero luego se contradice, porque sostiene que avanzar a un ritmo de 15 páginas diarias es demasiado. Precisa, además, los criterios que se consideran en la tarifa. “¿Cuánto valora uno su tiempo? ¿Cuánto valen los estudios, la experiencia y la minuciosidad?” (p. 180).

Las perspectivas de los correctores han cambiado. Hoy son también asesores lingüísticos. Hay oportunidades en la redacción de manuales de estilo, que ayudan a uniformizar el estilo y son una guía para resolver dudas. En este contexto, recomienda a sus colegas que lean, conozcan de tecnología, redacten, se capaciten, se preocupen por el lenguaje y potencien sus competencias (enciclopédicas, gramaticales y textuales).

Aunque se sabe que el corrector cuida la calidad lingüística de los textos, muchos aún desconocen cuáles son sus funciones, incluso los que se dedican a este oficio, sobre todo los jóvenes.

Un manual necesario

El libro ofrece mucho más. En un lenguaje sencillo, estilo cercano y sin falsas pretensiones, la autora recoge los aportes de otros correctores y comparte sus reflexiones y experiencias. En la primera parte explica sobre los errores léxicos, extranjerismos, lugares comunes, neologismos, el uso de las mayúsculas, las normas lingüísticas, entre otros temas. En la segunda parte reúne las respuestas a consultas realizadas por sus lectores.

Como manifiesta Alberto Gómez Font en el prólogo, todos los textos son susceptibles de ser mejorados. “Y es que no basta con conocer las reglas, sino que también hay que poseer la sensibilidad necesaria para lograr que un texto se lea más cómodamente y para que sea –por qué no– más bello” (p. 18). El manual ayuda a entender qué debe hacer y qué debe conocer, de modo voluntario, un buen corrector.


Foto: Freepick

4 thoughts on “CORRECCIÓN DE TEXTOS, MITOS Y VERDADES

  1. Hola, estoy interesada en el libro de Sofía Rodriguez sobre corrección de estilo. Vivo en Uruguay y tengo compañeros colegas interesados en comprarlo. Podrían informarme sobre la posibilidad de adquirirlo? Saludos cordiales. Silvia Katz

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